Hay vestidos que te complican la vida y vestidos que te la resuelven. Este es de los segundos.
El verde militar es uno de esos colores que funcionan siempre: terroso, versátil, más interesante que el negro pero igual de fácil de combinar. Con marrón, con beige, con blanco, con dorado... prácticamente no falla con nada de lo que ya tienes en el armario.
El secreto de este vestido está en la combinación de tejidos. Arriba, el algodón con elastano abraza el cuerpo con comodidad, transpira bien y da la estructura necesaria para que el escote tipo nadadora favorezca y los tirantes finos ajustables sienten de maravilla. Abajo, donde la cosa se pone bonita: la falda de gasa drapeada en el mismo tono verde que arranca desde la cadera y cae hasta media pantorrilla con ese movimiento suave y fluido que solo da la gasa. Femenino sin esfuerzo, elegante sin intentarlo.
El largo midi y el corte desde la cadera hacen el resto: disimula, favorece y deja libertad total de movimiento. No es de esos vestidos bonitos pero incómodos. Este te lo pones a las ocho de la mañana y sigues cómoda a las doce de la noche.
Con bailarinas o mocasines de cuero para el día, con sandalias de tacón dorado para una cena, con botines y cardigan de punto cuando refresca o con una chupa de cuero si te apetece darle un giro más inesperado. Da para todos los planes y todas las estaciones.