Las cerezas son uno de esos motivos que nunca caducan. Aquí las hemos llevado al territorio más sofisticado que pueden habitar.
Las cerezas bordadas en punto alto no son planas: sobresalen del tejido con un relieve real que se toca, con el rojo vibrante de los frutos y el verde de las hojas distribuidos por el delantero de forma alegre y equilibrada. Es el mismo bordado artesanal que requiere horas de trabajo preciso para que cada pieza quede bien colocada. La espalda es azul marino liso, para que el protagonismo sea siempre del delantero.
El escote recto amplio enmarca las clavículas con esa geometría limpia y elegante, y los tirantes que se anudan en los hombros son ese detalle romántico que además es completamente funcional: los ajustas exactamente a tu altura y a cómo quieres que caiga el vestido.
Desde las caderas, el volante de gasa toma el relevo del algodón: semitransparente, ligero, que cae con una fluidez que el algodón estructurado no puede dar. No abulta, solo añade movimiento y longitud midi con mucha elegancia.
El azul marino hace todo lo demás: sofistica las cerezas sin apagarlas, combina con sandalias nude, con rojo, con natural, con plateado. Es el color que hace que este vestido funcione igual de bien en una boda de jardín que en un brunch de verano.